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Erno Rubik

¿Quién no ha tenido alguna vez entre sus manos un cubo de Rubik? Puede que haya sido porque te llamaran la atención sus vivos colores. O porque se te pasara por la mente lo típico de “No puede ser tan difícil ¿no?”. O que te picaras con alguien para ver quién lo resolvía antes.

Así que lo cogías, le dabas vueltas, el cubo te miraba a ti, tú lo mirabas a él, y como mucho saltabas de alegría cuando completabas una de esas caras. Pero claro, después de esos segundo de euforia, te veías abrumado por la frustración de… ¿y ahora cómo sigo sin cargarme lo que he hecho?”. Vamos, que a no ser que fueras un iluminado, la frustración te acababa superando y la única opción que veías viable era la de despegar las pegatinas y cambiarlas de lugar ¿o no era así?.

Pero tranquilo/a, aquí viene Harguel al rescate. Aunque no vayamos a explicarte cómo se resuelve un cubo de Rubik (ya que le quitaría la magia al asunto, y hay páginas especializadas en ello), sí que queremos explicarte porqué ese juego que parece tan sencillo de primeras, empieza a complicarse cuando comienzas a rotar sus caras.

Origen del cubo de Rubik

Todo empezó en Budapest, Hungría. Corrían los años 70 y un joven arquitecto llamado Erno Rubik decidió diseñar un rompecabezas minimalista. A priori, su intención no era más que la de ser un juego educativo, sin embargo, causó furor entre los círculos científicos Húngaros. En los 80, Rubik se convirtió en editor de una revista Húngara lo cual le permitió contactar con un matemático inglés que lanzó su “juguete” a la fama en toda Europa.

Las ventas se dispararon, solo decir que en 1982 se vendieron más de 100 millones de unidades, haciendo de Rubik el hombre más rico de toda Hungría.

Rubik también padeció la frustración que comentábamos antes. Después de mejorar los fallos que tuvieron sus primeros prototipos, se dispuso a resolver su modelo final y… no fue tan sencillo. Tardó alrededor de un mes en conseguirlo ya que se percató que estadísticamente era imposible hacerlo si giraba sus caras de forma aleatoria.

La morfología de un cubo

Una de las mejores recomendaciones antes de sentarse a intentar resolver un cubo, es, sin duda, la de tratar de conocer su morfología. Es decir, descubrir qué le hace girar y cómo funcionan sus permutaciones.

El cubo está compuesto por 6 caras, cada una de un color. Por lo general, o en los cubos clásicos, la parte superior es blanca, la inferior amarilla y los laterales son azul, naranja, verde y rojo (en ese orden). Cada una de esas caras, tiene un centro, el cual siempre está fijo. Esto es un dato muy relevante ya que te indica de qué color es la cara que debes resolver.

Partes de un cubo de Rubik
Partes de un cubo de Rubik. Vía: http://www.tetrisworks.com/2015/07/cubo-rubik-solidworks.html

Lo que aparece denominado en la imagen como kernel es la “nuez”,  o mejor dicho, “el corazón” del cubo. A él se unen las piezas centrales y posteriormente se encajan las aristas y las esquinas.

Kernel con centros.
Kernel con centros. Vía: http://www.tetrisworks.com/2015/07/cubo-rubik-solidworks.html

Cada una de las esquinas está compuesta por 3 colores, mientras que las aristas tienen tan solo 2. Por lo tanto, tendremos un cubo compuesto por 8 esquinas y 12 aristas, sumando 20 piezas móviles.

Si hacemos un par de cálculos, podremos averiguar el número de combinaciones posibles que se pueden dar en el cubo:

  • Hay 8! formas de combinar los vértices (8x7x6x5x4x3x2x1).
  • 7 de esas 8 combinaciones podrás orientarse independientemente, pero la octava dependerá de las anteriores por lo que serían 3^7 combinaciones.
  • Por otro lado, hay 12!/2 formas de combinar las aristas.
  • 11 de esas aristas pueden ser independientes, pero la doceaba depende de las anteriores por lo que 2^11.

Así que si sumamos todas las combinaciones nos saldría que:

Poquitas y eso… ya sabes qué responder cuando te pregunten porqué no eres capaz de resolver este cubo tan “sencillo”.

Sin embargo…

…esto no impide que haya gente que se le vaya la cabeza y se pongan como objetivo aprender a resolverlo. Existen infinidad de métodos, porque al fin de cuentas, cuando empiezas a manejarlo, acabas por crear los tuyos propios.

Para iniciar, es mejor aprender a resolverlo por capas, empezando por la típica cruz blanca superior. Sin embargo, el método más usado y conocido entre las personas que les apasiona este mundillo es el método CFOP (cross-F2L-OLL-PLL). También recibe el nombre de Fridrich, debido a Jessica Fridrich, la mujer que lo popularizó.

Consiste en seguir una serie de algoritmos previamente aprendidos para resolver el cubo de una forma sistemática. Es extensamente empleada por los speedcuber, ya que es el método más rápido y eficaz.

Está constituido por 4 pasos:

  • La resolución de la cruz superior. Es el paso más rápido e intuitivo de llevar a cabo.
  • La resolución de las dos primeras capas (F2L). Es más complicado y se invierte más tiempo ya que existen un total de 42 combinaciones posibles.
  • La orientación de la última capa (OLL). Es donde se manipula la capa superior para que la última tenga el mismo color. Existen 57 combinaciones posibles.
  • Y por último, la permutación de la última capa donde se mueven las piezas de la capa superior sin variar su orientación.

Los speedcubers

Así se conocen a las personas que se dedican a resolver cubos de una forma más profesional. Existen numerosos concursos que miden las capacidades de los speedcubers. Son numerosas las categorías y modalidades. Por un lado se clasifican según el tipo de cubo: 2×2, 3×3, 4×4, megamix, pirámide, etc. Y en modalidades según sea con dos manos, con una, con los pies, a ciegas… Aquí os dejamos la lista de los últimos récords entre los que se encuentra Feliks Zemdegs, con el récord de 4,22 segundos resolviendo un 3×3.

Sin embargo, aún nadie ha sido capaz de superar al robot creado por Albert Beer capaz de resolver un cubo de rubik en 0,887 segundos.

¿Te animas a probar?

1 pensamiento sobre “Erno Rubik

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