Charlas, Experiencias

Diluyendo la homeopatía

El pasado viernes, Daniel Orts y Fernando Frías nos deleitaron con una maravillosa e ilustrativa charla sobre uno de los campos que dominan a la perfección: la homeopatía.

La homeopatía se trata de una pseudociencia cuyo dogma central es el de “lo similar cura lo similar”. Samuel Hahnemann (1755 – 1843), fue el impulsor de estos principios como alternativa mucho más benigna a la medicina que se estilaba en esa época. Si partimos de la base de que en los siglos XVIII-XIX los médicos de la época a la mínima estaban con el cuchillo jamonero cortándote las venas para “limpiarte la sangre” o te administraban complejas mezclas que contenían vete-tú-a-saber-qué… pues tal vez que te dieran una pequeña pastillita dulce y que te contaran la historia de que eso te iba a curar porque el agua tenía memoria y que todo había sido creado con mucho amor… pues al menos no te mataba en el acto.

Pero empecemos por el principio: ¿Qué es eso de “lo similar cura lo similar”? Básicamente fue a la “conclusión” a la que llegó Hahnemann cuando se hallaba traduciendo un libro de medicina, el cual decía que la quina (corteza del árbol Cinchona officinalis) curaba la malaria. Como no se lo creyó, no se le ocurrió mejor método que probarlo él mismo. Según él (y hacemos mucho énfasis en que fue algo que tan solo él experimentó. A posteriori se realizaron estudios, como el de Oliver Wendell Holmes, el cual decía que “la homeopatía hacía más mal que bien en la medicina actual” y eso fue escrito en 1861) la ingesta de esta corteza le produjo los síntomas propios de la malaria: fiebre, dolor en las articulaciones, escalofríos, etc. Esto le llevó a la conclusión de que “lo similar cura lo similar”.

En su libro Organon del arte de curar, Hahnemann acuñó el término de miasmas como los principales causantes de la enfermedad. Según él, en nuestras células queda un historial de las principales enfermedades que el ser humano ha padecido: la sarna, la gonorrea y la sífilis. Cada enfermedad tiene un miasma vinculado: psora, sycosis y syphilis respectivamente. Estos miasmas son los causantes del “desequilibrio vital”. Así pues, Hahnemann estaba convencido de que cada uno de nosotros poseemos una disposición a sufrir tanto mental como emocional y físicamente por culpa de la inestabilidad vital.

Por ejemplo, enfermedades relacionadas con la hipersensibilidad como alergias, o en el ámbito mental con la ansiedad, la angustia, etc. están todas relacionadas con el psora. Otras que producen hipertrofias o formaciones tumorales, la ambición desmedida, la prepotencia, etc. están provocadas por la sycosis. Y por último, las que desembocan en la destrucción como las úlceras, la violencia, las tendencias suicidas, etc. están producidas por la syphilis. Según Hahnemann, todos los miasmas proceden del psora ya que en diversas ocasiones, cuando se restablecía el equilibrio vital del paciente, este desarrollaba un pequeño sarpullido que al desaparecer se llevaba consigo los síntomas.

Hahnemann también dedujo que si se administraban los medicamentos, los cuales contenían las sustancias que habían provocado la enfermedad, esta se agravaría al aumentar la concentración de sustancias “malignas”. Por lo tanto… se le encendió la bombilla y el luminoso con la palabra “DILUCIÓN”.

Por suerte, esa noche del viernes, Daniel y Fernando nos mostraron un maravilloso tutorial DIY de cómo preparar tu remedio homeopático. Daniel, como muchos sabréis, tiene gran experiencia ya que se atrevió a realizar un “peligroso” suicidio homeopático con sedantes y ya nos había mostrado en su canal de YouTube cómo crear tu “remedio homeopático para el MIR”.

Sin entrar en demasiados detalles ya que el tema podría resultar un tanto escatológico, nos mostraron cómo crear excrementum caninum en directo. Con el nombre… creemos que podéis deducir en qué consistía la “materia prima”. Guau Guau.

A partir de este ejemplo nos mostraron cómo se realizaban las diluciones. Estas consisten en disolver en, por ejemplo agua, la sustancia que provoca síntomas similares a la enfermedad. De esta disolución, se toma una parte para mezclarla con otras nueve y así lograr una relación 1:10. El grado de dilución se mide por la escala centesimal o escala C. Esta primera dilución tendría un grado 1C. Si cojemos de la misma de nuevo una parte y la mezclamos con otras 9, adquiriríamos una disolución 2C, es decir, 1:100. Y así sucesivamente.

A medida que se realizan las diluciones, el número de moléculas de la sustancia inicial cada vez es menor en la solución por lo que, si se dispone de una disolución 1M (1 mol de sustancia en un litro) a partir de la fase 12C será imposible que quede alguna molécula de la sustancia inicial, ya que la relación es 1×1024, superior al número de avogadro, que es 6,022×1023 (número de partículas que hay en un mol de sustancia). Por lo tanto, al llegar a esta fase la disolución ya habría alcanzado el límite molar.

Estas diluciones debían ser agitadas vigorosamente para que las sustancias que contenían se potenciaran y dinamizaran. En su momento, Hahnemann reconoció que no sabía con certeza porqué esto ocurría, pero formuló una hipótesis basada en las barras magnéticas. Algunas de éstas en un principio son inertes, pero al ser frotadas se activan. Él dijo que con la homeopatía ocurría lo mismo: la sucusión de la sustancia “medicinal” despierta propiedades curativas que al principio no presentaba.  

Además, Hahnemann aseguraba que cuanto mayor era la dilución, mayor era su efecto ya que… el agua poseía memoria. Esta fue la “explicación” que dio cuando se percató que las diluciones superiores a 12C era imposible que presentasen ninguna molécula de las sustancia inicial por el límite molar mencionado anteriormente.

Sisi, has leído bien, memoria del agua… se supone que dentro de la molécula de agua quedan registradas las propiedades de las sustancias con las que ha estado en contacto. Y como nos dijeron Fernando y Daniel:

Pero ahora vayamos a la clave del asunto: ¿Esto funciona? A ver… funcionar funcionar… depende de cómo lo mires. Tiene la misma efectividad que si te tomases un caramelo y creyeses que eso te va a curar, es decir, el placebo. Pero claro, ese caramelo puede costarte unos 5 cent mientras que los “remedios” homeopáticos la mayoría superan los 10 euros. Como ya dijo nuestro querido Mulet:

La homeopatía se trata de hacer diluciones extremas y una vez hechas se espolvorean sobre una pastilla de azúcar. Si miras la composición es azúcar, si miras su precio, parece que haya sido el mismo Fidel Castro el que haya ido a cortar la caña.

Podríamos pensar que bueno, si un grupo de personas decide tratarse con esta homeopatía dejándose así riñón y medio en ella… pues, al fin y al cabo, es su decisión. El problema está cuando el “dejarse riñón y medio” traspasa el plano metafórico para convertirse en un problema real. Las enfermedades más graves como puede ser un cáncer, no se curan solas, ni con azúcar, ni con mimines, ni con clínicas luminosas con personal super-mega-extra-amable que te dicen que con un tratamiento de cientos de euros más revisiones periódicas (las cuales también tendrás que pagar) todo se arreglará. Los cánceres SE CURAN CON MEDICINA DE VERDAD. La medicina convencional es la que cura porque sigue un método científico y tiene estudios clínicos reales, comprobados y contrastados.

Que no te engañen cuando alguien te diga que se le ha ido la gripe porque se tomó unas bolitas de Oscillococcinum. Esa persona se ha “curado” del catarro: uno, por el poderoso efecto placebo y dos, porque la gripe es una enfermedad autolimitada. Esto significa que se tomara o no el azúcar se hubiera curado de todas formas.

Es necesario que la sociedad sea consciente de que la homeopatía tan solo es eficaz en cuanto al placebo se refiere. No es un medicamento. Y es peligroso que algunas personas vivan convencidas de que su energía vital se desequilibra a causa de por ejemplo, su miasma cancerinismo y decidan optar primero por tomar carcinosinum (remedio homeopático que se supone que restablece el equilibrio producido por este miasma) antes que someterse a sesiones de quimio prescritas por el médico (el de verdad, no el de Boiron).

A modo de conclusión, decir que la charla fue espectacular. Nos encantó la dinámica que adoptaron: Daniel lo contó todo con su estilo tan personal, recurriendo constantemente al humor, mientras que Fernando aportó de forma muy rigurosa datos y anécdotas que la experiencia le había dado. En cuanto a preparar homeopatía en directo… fue un puntazo. Hizo que el coloquio fuese muy ameno y que se nos pasara volando. Por último, nos propusieron un juego: proyectaron una serie de elementos para que el público tratara de adivinar con cuál de ellos no se había hecho ningún remedio homeopático. Entre ellos estaban cosas como lengüetas de clarinete, agujeros negros, arcoiris, agua del amazonas, crayolas… Y un sinfín de objetos disparatados los cuales podéis encontrar en la web de Naukas.

3 comentarios sobre “Diluyendo la homeopatía

  1. Como siempre, me encantan vuestros artículos, chicas @harguel y creo que las charlas a las que asistís son enriquecedoras y, además, conocéis a personas espectaculares que os aportan conocimientos y os ayudan a crecer.

  2. Muy buen artículo.
    La homeopatía es una solución a una desesperación. Aún me acuerdo de mi padre, hombre cabal donde los hubiese, que estaba tan desesperado con los problemas que tenía mi hermano para dormir por la noche que cuando le dijeron que tenía que cenar un pez que tuviese otro dentro estuvo varias semanas comprando pescado como si no hubiese un mañana hasta que lo encontró. Tomamos tanto pescado que creo que por ahí viene un poco mi asco hacia tan sano alimento. Por cierto, mi hermano siguió sin dormir bien.
    Esto es gracioso ya que no es una enfermedad grave…pero cuando nos enfrentamos a un cáncer la cosa cambia.
    Muy ilustrativo e interesante el artículo.
    Ya tengo ganas de leer el siguiente.

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